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Michelle Villa estaba decidida. Sacaría sus hijos de Southwest Detroit Community School, una pequeña charter que su hijo mayor, Anthony, ha asistido desde que abrió con la ayuda del tenista Andre Agassi en el 2013.

Villa se comprometió a la escuela desde el principio, cuando se puso un casco para inspeccionar el nuevo edificio al lado de otros padres. No sacó a sus hijos mientras cinco directores de escuela — casi uno por año — fallaron en controlar la alta rotación de maestros y malos resultados académicos.

Pero la semana pasada, mientras manejaba a la escuela para otra reunión de la junta escolar, ya no le interesaba el próximo intento para mejorar la escuela. Se estaba preguntando porque dos maestros ya renunciaron sus puestos en la clase de tercer grado de su hijo menor.

“Como padre, es alarmante,” dijo Villa. “Aseguro que mi hijo está en la escuela todos los días, y espero que esta aprendiendo algo. Pero no.”

Villa no está sola en su dissatisfacción con Southwest Detroit Community School. El año pasado, puesta bajo la supervisión del estado debido a malos resultados de exámenes, la escuela contrató un jefe más. Pero los mejoramientos prometidos no se han realizado, y la confianza entre maestros y la administración se desintegró. Mientras los líderes de la escuela se preparan para otro reinicio, varios padres están buscando otras opciones, y algunos en la comunidad piensan que la escuela está a punto de fracasar.

“Con la salida de estos padres claves, no se que traerá el futuro,” dijo un ex maestro que habló en condición de anonimidad para proteger sus posibilidades futuras de empleo. “La única cosa que ha sido consistente en la escuela es su comunidad extraordinaria.”

La situación es parecida a la que causó el cierre abrupto, en septiembre, de otra escuela charter en Detroit, Delta Preparatory Academy for Social Justice. Es una prueba de los desafíos de proveer una educación de calidad en una ciudad donde la supervisión de escuelas es fragmentada, las inscripciones son impredecibles, y muchas escuelas no tienen los recursos necesarios para educar a los niños que están aprendiendo inglés.

Como Delta Prep, Southwest Detroit Community School fue parte de una oleada de nuevas escuelas que se abrieron después de que la legislatura eliminó el límite del número de charter schools en 2011. Ambas fueron apoyadas por gente respetada de Detroit, que querían ofrecer nuevas oportunidades a las familias de Detroit ya que el distrito público parecía destinado para la insolvencia fiscal.

Ambas escuelas abrieron en barrios que ya tenían suficientes escuelas, y ambas tuvieron problemas en atraer suficientes alumnos para pagar las cuentas. Hace un año, la junta escolar de Delta Prep se estaba preparando para otro intento de mejorar la escuela. Al comienzo del año escolar, las inscripciones cayeron, la escuela cerró, y casi 200 familias de pronto tuvieron que buscar otra escuela.

Si Villa y demasiadas otras familias se van, Southwest Detroit Community School podría seguir el mismo camino. A pesar de su edificio, que es relativamente nuevo gracias a Agassi, la escuela perdió a más estudiantes este año. El presupuesto ya es débil, y otra contracción podría devastarlo.

Sin embargo, la junta escolar está apostando otra vez que una nueva administración podrá mejorar los resultados académicos y atraer suficientes alumnos para mantener las puertas abiertas.

De hecho, dicen los funcionarios de la escuela, el 88% de padres han indicado que regresarán el año que viene. Pero esa cifra incluye a Villa y a otros padres que informaron a Chalkbeat de sus planes de retirar a sus hijos de la escuela. Dicen que mandaron sus papeles de matriculación porque la escuela le prometió pizza a sus hijos si indicaban que iban a regresar.

Villa, una maestra de Head Start, fue criada por inmigrantes mexicanos en Detroit. Fue la primera estudiante universitaria en su familia, y está resuelta a que sus niños serán titulados. Se involucró en la escuela al principio porque le gustaba la idea de una escuela que respetaba las voces de padres.

“Íbamos a formar parte de la escuela,” dijo.

Permaneció en la escuela durante años a pesar de una inestabilidad constante. Lighthouse Academies, la empresa floridiana que ayudó a abrir la escuela, se fue después de tres años, dejando un presupuesto precario.

Cuando un ex maestro fue contratado como jefe de escuela, encontró que faltaban sistemas para apoyar al aprendizaje de los niños. Sin liderazgo uniforme, maestros estaban improvisando, según el ex maestro, quien fue reemplazado el año pasado.

Casi al mismo tiempo, Villa y docenas de padres apoyaron a un sindicato formado por los 30 maestros de la escuela. Creían que mejores condiciones de trabajo para los maestros podrían traer más estabilidad para la escuela.

Pero de pronto, la moral de padres y maestros empeoró, y relaciones con los líderes de la escuela se volvieron más hostiles.

Tres maestros renunciaron sus puestos, incluyendo un líder del sindicato. Varios padres estan enojados dea que la escuela todavía no ha reemplazado los puestos con maestros titulados.

“Esta escuela es batalla tras batalla tras batalla,” dijo Mariana Hernandez, una madre que está buscando otras escuelas. “En algún momento, ya no puedo.”

Una encuesta interna de maestros, obtenida por Chalkbeat, reveló una profunda división entre administradores y maestros. Solamente el 4% de respondientes estaban de acuerdo que hay comunicación eficaz entre maestros y la administration. Solamente el 7% confirmaron que el ambiente profesional es respetuoso, colaborativo, y responsable, según la encuesta, que se publicó el 15 de enero.

“Los maestros se sienten muy desanimados,” dijo Jen Bahn, una maestra veterana de matematicas que es una líder del sindicato, en un email. “Hemos intentado apoyar a nuestros alumnos, pero parece que no nos escuchan.”

A la mitad de la reunión la semana pasada, el esposo de Villa, un pintor, salió del trabajo. Paso por la escuela para recoger a sus tres hijos, dejando que su esposa escuchara mientras administradores pintaban una imagen optimista del futuro.

“Lo que estamos haciendo está funcionando,” dijo Kim Pritchett, la quinta jefa de la escuela desde 2013.

Dijo que que los alumnos están avanzando hacia las metas indicadas por el plan de mejoramiento impuesto por el estado. Sin embargo, admite que la escuela no ha mejorado lo suficiente para alcanzar estas metas durante el plazo requerido.

Atribuyó el mejoramiento a su sistema de incentivos vinculadas a los exámenes estatales. La teoría — que es controversial entre pedagogos, y que no esta apoyada sistemáticamente por investigaciones académicas — es que ese tipo de motivación lleva a mejores resultados académicos.

“Los estudiantes saben que deben alcanzar sus metas, y que entonces tendrán la oportunidad de ganar una sudadera, o una película con la jefa de escuela,” dijo Pritchett. “Queremos pensar con originalidad. Cuando un niño se siente animado, harán todo lo que puedan.”

Ese razonamiento no es suficiente para la junta escolar, que planea reemplazar a EAS Schools, la empresa de administración que está terminando su tercer año encargada de la escuela. La junta ha contratado a un consultor para ayudar con la transición a un nuevo tipo de administración.

PHOTO: Koby Levin
Michelle Villa stands in the parking lot of the Southwest Detroit Community School before a school board meeting last week.

Para Villa, esa decisión fue el colmo. Dice que no hubo una explicación adecuada. Sintió que no habían escuchado las voces de padres.

Algunos maestros sospechan que el cambio fue diseñado para desplazar el contrato sindical que hicieron con EAS.

Nate Walker, un analista para el American Federation of Teachers in Michigan, está aconsejando a los maestros. Dijo que la junta está usando tácticas de anti-sindicatos que fueron usados en otras escuelas charter, como University Yes y Voyageur Academy.

Maestros en escuelas chárter generalmente contratan con empresas privadas — no con la junta escolar. Como consecuencia, una junta puede disolver el contrato al cambiar empresas. En tal caso, los maestros tendrían que recomenzar el trabajo difícil de formar un sindicato.

“En todas estas situaciones, hay un tema triste,” dijo Walker. “Los operadores y la junta y el autorizador están dispuestos a interrumpir y desestabilizar a la comunidad escolar simplemente porque no quieren colaborar con los maestros.”

Rob Kimball, jefe de la oficina de escuelas charter en Grand Valley State University, que supervisa la escuela, se negó a comentar. Dirigió a Chalkbeat hacia Sophia Chue, presidenta de la junta escolar.

Chue propone alcanzar los objetivos académicos indicados por la escuela. “Es una situación urgente,” dijo, refiriéndose a los resultados académicos. Añadió en un mensaje de texto que “el contrato sindical está en marcha y no lo vamos a descartar.”

Pero esas garantías no han sido comunicadas a los maestros, muchos de los cuales temen quedarse sin empleo, dijo Bahns. Han contratado con EAS, y se supone que tendrán un contrato nuevo cuando la junta selecciona una nueva administración.

“La escuela no ha prometido que ninguna persona podrá regresar, y a todos nos van a despedir al final del año,” dijo. “Tiene sentido que los maestros empiezen a buscar otros trabajos.”

Heather Gardner, la presidenta de EAS, dijo que sería un caos si el sindicato sea eliminado. Su contrato termina el 30 de junio. Ella, también, no quiso explicar porqué su contrato fue terminado.

“Si no reconocen al sindicato, iniciará un enorme trastorno entre los maestros, y eso no sería bueno,” dijo Gardner.

Villa, que apoyo a la unión, dijo que no espera un mejoramiento. Quiere matricular a sus hijos en otra escuela cerca de su casa en el sudoeste de Detroit. Hasta entonces, dice que no faltará a una reunión de la junta escolar.

“Mientras mis hijos estén en la escuela, voy a venir a las reuniones y voy a seguir luchando,” dijo Villa.